Reparando una jaula de hierro

Reparando una jaula de hierro (hecha con varilla de construcción, delgada y mediana)

  

 

En la isla Venado, Golfo de Nicoya, construimos una jaula redonda con varilla de hierro (corrugado, de la usada normalmente en construcción). La circunferencia está dictada por el largo de 2 varillas, que es en total 12 m, con un diámetro cercano a 4 m, el alto es 1.7 m, para un volumen total de casi 20 m3 de los cuales 16 m3 se encuentran bajo el agua (dejando 0.3 m fuera del agua).
  

 

La jaula se construyó para albergar peces de cierto tamaño mínimo, y el diseño—arriesgadamente—consideró utilizar solamente varillas delgadas (XXXXX). El riesgo, por supuesto, es que un material tan delgado no aguantaría las corrientes y mareas. Por otro lado, la idea era bajar costos y tener una jaula más liviana.
  

 

A la semana de estar flotando, después de mareas muy altas, la jaula se veía así, deformada. Parecía como si una lancha le hubiera pasado encima, y un tercio de la parte superior (que debía estar a 30 cm sobre el nivel del agua) estaba sumergida.

El lado sumergido mostraba fuerte deformación de la varilla, sobre todo de la circunferencia superior. No había más daño.

  

 

Revisando, encontramos que el problema se debió a que el segundo fondo (peso o ancla, ver abajo) que se utilizó, que era más liviano que el primero, se había desplazado hacia el primero (probablemente arrastrado por la misma jaula en mareas crecientes muy altas) y en mareas bajantes la cuerda que ata la jaula a ese fondo se tensaba demasiado (solucionable tal vez alargando la cuerda).
  

 

Esta tensión exagerada llevó a deformar la jaula—sobre todo porque, contrario al diseño original, los amarres a los dos fondos no se hicieron solamente desde la parte de abajo de la jaula, sino que la soga que venía de cada fondo se dividió en dos y un extremo se amarró a la parte de abajo y el otro a la parte superior de la jaula. Así se dio fácilmente la deformación de la parte superior.
  

 

Cortamos la cuerda que iba al segundo fondo y la amarramos en la parte inferior de la jaula hacia el lado donde se había desplazado el fondo. Cortamos también la parte de la cuerda del primer fondo que estaba amarrada a la parte superior de la jaula. Así, dejamos la jaula amarrada desde su parte de abajo a los dos fondos.

  

 

Habiendo eliminado la tensión excesiva de las cuerdas de anclaje, enderezamos la varilla deformada y volvimos a sumergir los flotadores (pichingas de 20 litros) de la parte dañada para elevar esa parte de la jaula sobre el nivel del agua.
  

 

Se revisó la jaula por dentro y se enderezaron algunas varillas. No se encontró mayor daño.

  

 

Se revisó y ajustó el nivel de todos los flotadores, que había cambiado debido a la diferencia en tensiones.

 

  

 

Se logró recuperar la forma de la jaula y su nivel de flotación. Cerramos la tapa de sarán.

  

 

 

Lista la jaula (todavía pueden hacerse algunos ajustes  para nivelarla mejor) la dejamos para volverla a visitar y ver si los cambios realizados le permiten mantener su estructura y función.

En total, entre tres personas en el agua y una en la panga, nos tomó una hora de trabajo.

  

 

 

Este es el fondo más pesado—medio estañón plástico relleno de concreto. El otro fondo es más pequeño (no debió serlo).

Este tipo de situación nos lleva a considerar que con corrientes fuertes puede ser mejor poner fondos o anclas en un solo lado, dejando que la jaula “baile” con las corrientes, en vez de pretender mantenerla estática con fondos a cada lado (como se hizo aquí en un inicio).